Últimas imágenes del naufragio
Hicimos un buen papel y revertimos la imagen dejada en el último mundial. Tenemos la mayor goleada y los goles más lindos. No prendimos fuego la casa de nadie, y analizamos la eliminación con tono fraternal. ¿Nos estaremos empezando a conformar con ser los primeros del segundo lote? ¿Nos alcanza con ésto para sentirnos satisfechos? Parecen ser pocos los que notan que algo no está bien. Más allá de las críticas que se le puedan hacer al entrenador, rescato que él siempre supo que teníamos la obligación de estar más arriba. Por eso la renuncia casi inmediata, por eso la sensación que nos transmite con sus palabras, de que por más fuerte que suene, por más que no se diga directamente, lo que pasó fue que fracasamos.
El fútbol es así, dicen. Se puede ganar y se puede perder, parece ser el consuelo y la explicación. Pero no, se podría haber torcido esta historia. No hablamos de un pequeño detalle o de un solo error que nos costó el mundial. Una sucesión de situaciones y decisiones lamentables precedieron un camino trunco lleno de ilusiones. Empezando por Marcelo Bielsa, que nos abandonó a un año del mundial, con lo que nos costó siempre armar un equipo competitivo. No sabíamos mucho de nuestra selección antes de empezar el torneo, ésa es la verdad. La poca competencia previa se usó para probar, y nos armamos especialmente para ésto. ¿Cuándo tendremos un equipo de años que podamos decir de memoria? ¿Y un juego definido y trabajado en el que pudiéramos confiar? Me queda la sensación de que se ha improvisado demasiado.
La verdad está en el verde césped, frase folclórica nacional que anula cualquier análisis previo. Y la verdad es que allí también fallamos. Porque si hay un momento para dejar todo, ese momento es en un partido definitorio. Ya se ha criticado demasiado la pereza de nuestro generador de juego. Pero hay otros factores. La falta de espíritu para quedarse en la cancha con un golpecito en las costillas. Te tienen que sacar muerto, diría cualquier campeón del mundo. Y no podés pedir el cambio por una molestia en los gemelos, como hizo nuestro botín de plata. Y los penales, no son una lotería. Le tenés que romper el arco. Tenés que conocer bien a quien te patea y a quien te ataja. Pero bajamos un poco los brazos, y nos conformamos con saber que si quedábamos afuera no sería por 120 minutos de fútbol, sino por una circunstancia a la que le atribuímos demasiada fortuitidad. Tenemos que recobrar la mística, y no olvidar y aprender de los errores. ¿Volveremos a ver alguna vez a la Argentina campeona del mundo?